Este es un blog pensado para la mujer: arte,música, información, lugares del mundo para visitar, propuestas, en fin: el Arte de Vivir. Se escribe al AMOR sin estar dirigido a nadie en particular sino a todos en general,los que hemos transitado su camino.
jueves, 24 de abril de 2014
Maestro Donadio Salvatore
Ci sono uomini che ti scivolano addosso come la calda pioggia d'estate, il tempo del primo sole e tu torni a sentire caldo. E poi ci sono quelli invece che ogni volta che si allontanano ti
strappano via un pezzo d'anima e non puoi fare altro che tremare di freddo quando le loro mani ti lasciano per terra, sfinita, stanca, svuotata di ogni tua volontà. Ci sono quelli che ti parlano e quelli che ti guardano solamente, ci sono quelli che pretendono e quelli che si prendono semplicemente ogni tuo desiderio. E poi ci sono quelli che ti sfiorano la pelle e quelli che la pelle te la bruciano.
Hay hombres que se deslizan hacia abajo como la lluvia de verano, la primera vez que el sol y usted puede sentirse caliente. Y luego están aquellos en su lugar cuando callejeros arrancas lejos un pedazo de alma y no puedes hacer nada pero batido frío cuando sus manos te dejan en el suelo, agotado, cansado, sin una gota de todos sus deseos. Hay quienes hablan y a quienes sólo mirarte, están aquellos que dicen y aquellos que toman simplemente todos tus deseos. Y luego están los que se alimentan la piel y aquellos que pueden quemar la piel (traducido por bing)
Gracias Maestro! nos disculpamos por no poder ofrecer una traducción exacta!
jueves, 17 de abril de 2014
Café de Flore
Habían pasado años….muchos.
Cansada de amar, cansada de tu rechazo, entendí que la vida no era así. La vida no era sufrimiento, conformismo, extrañarte, sino dar dimensión al valor del cariño, ese que yo sentí sola o no, pero tan distinto al tuyo.
Entendí que si era capaz de amar así, era valiosa. Tenía mucho para dar, pero quise alguna vez en la vida pensar en mí, cuidarme, mimarme, quitarte de mi cabeza y si pudiera no sentir más, o con menor intensidad.
Después de desarmar mi casa, ordenar mis papeles, tratar de cerrar las heridas de Buenos Aires, decidí viajar a París. Podía hacerlo y era mi sueño.
Conocí gente, reafirmé el idioma, adquirí algunas de sus costumbres.
Visité lugares…me despertaba temprano para caminar las calles de Paris que siempre me parecieron tan lejanas, tan inalcanzables y no podía creer que estaba viviendo mi sueño. No todas fueron experiencias buenas pero el saldo era positivo.
Vivir en Paris era envolverme en su elegancia y suntuosidad, sus barrios bohemios, el arte. Ver y sentir el mundo distinto…ser una parisina más. Costó pero lo había logrado.
Había cambiado mi look, había recuperado mi silueta de los 30 años, me había cortado el pelo muy corto y había vuelto al color azabache. Vestía en una forma diferente y muy europea. No era lo que más importaba pero ya no buscaba amar y protegía tal vez así mi interior con ropa y un poco de frivolidad. Vestía un estilo clásico y con onda.
Muchas veces me preguntaba por qué ya no quería amar y no lo sabía en realidad. Tal vez había dado todo ya, tal vez ahora nadie me despertaba ningún sentimiento. Había sufrido mucho con mi familia, con vos y quizá había llegado la hora de no amar.
Nunca creí que me pasaría pero pasó y no podía ni quería cambiar. Me preguntaba si te llamaba, qué sentiría…no te había olvidado por supuesto, pero ya no más rechazos, siempre había sido muy sensible y necesitaba recibir amor y si no lo había encontrado no quería nada.
Iba caminando y cuestionando mis sentimientos, tratando de entender por qué había cambiado tanto en estos años de vivir en París y pensé que no había respuestas porque a veces la vida no las tiene.
Sin embargo sentía que había recuperado la mujer que era, decidida, independiente, que irradiaba alegría. Quería ser la mujer solidaria que era...todavía no podía.
Había formado ya mi nuevo grupo de amigos, en general pertenecían al mundo del arte...siempre había sido una apasionada del arte y los admiraba tanto.
Estudiaba Sociología, otro de mis sueños pendientes y trabajaba como Jefa de Recursos Humanos en un banco. No había sido fácil llegar a ese puesto pero me había capacitado en Buenos Aires y era solvente para hacerlo.
No guardaba rencor a nadie, había recibido golpes fuertes pero siempre acudí al sentido común que tanto me había enseñado papá y si bien nada tenía justificación, después de la aceptación de lo ocurrido buscaba que llegara la comprensión y llegaría...
Una parte de mí se había quedado con vos pero era mejor así y estaba totalmente convencida,
cada vez más...
Era un mañana de un sábado muy frío. Decidí tomar algo caliente y entré en el Café de Flore y te ví…
Cansada de amar, cansada de tu rechazo, entendí que la vida no era así. La vida no era sufrimiento, conformismo, extrañarte, sino dar dimensión al valor del cariño, ese que yo sentí sola o no, pero tan distinto al tuyo.
Entendí que si era capaz de amar así, era valiosa. Tenía mucho para dar, pero quise alguna vez en la vida pensar en mí, cuidarme, mimarme, quitarte de mi cabeza y si pudiera no sentir más, o con menor intensidad.
Después de desarmar mi casa, ordenar mis papeles, tratar de cerrar las heridas de Buenos Aires, decidí viajar a París. Podía hacerlo y era mi sueño.
Conocí gente, reafirmé el idioma, adquirí algunas de sus costumbres.
Visité lugares…me despertaba temprano para caminar las calles de Paris que siempre me parecieron tan lejanas, tan inalcanzables y no podía creer que estaba viviendo mi sueño. No todas fueron experiencias buenas pero el saldo era positivo.
Vivir en Paris era envolverme en su elegancia y suntuosidad, sus barrios bohemios, el arte. Ver y sentir el mundo distinto…ser una parisina más. Costó pero lo había logrado.
Había cambiado mi look, había recuperado mi silueta de los 30 años, me había cortado el pelo muy corto y había vuelto al color azabache. Vestía en una forma diferente y muy europea. No era lo que más importaba pero ya no buscaba amar y protegía tal vez así mi interior con ropa y un poco de frivolidad. Vestía un estilo clásico y con onda.
Muchas veces me preguntaba por qué ya no quería amar y no lo sabía en realidad. Tal vez había dado todo ya, tal vez ahora nadie me despertaba ningún sentimiento. Había sufrido mucho con mi familia, con vos y quizá había llegado la hora de no amar.
Nunca creí que me pasaría pero pasó y no podía ni quería cambiar. Me preguntaba si te llamaba, qué sentiría…no te había olvidado por supuesto, pero ya no más rechazos, siempre había sido muy sensible y necesitaba recibir amor y si no lo había encontrado no quería nada.
Iba caminando y cuestionando mis sentimientos, tratando de entender por qué había cambiado tanto en estos años de vivir en París y pensé que no había respuestas porque a veces la vida no las tiene.
Sin embargo sentía que había recuperado la mujer que era, decidida, independiente, que irradiaba alegría. Quería ser la mujer solidaria que era...todavía no podía.
Había formado ya mi nuevo grupo de amigos, en general pertenecían al mundo del arte...siempre había sido una apasionada del arte y los admiraba tanto.
Estudiaba Sociología, otro de mis sueños pendientes y trabajaba como Jefa de Recursos Humanos en un banco. No había sido fácil llegar a ese puesto pero me había capacitado en Buenos Aires y era solvente para hacerlo.
No guardaba rencor a nadie, había recibido golpes fuertes pero siempre acudí al sentido común que tanto me había enseñado papá y si bien nada tenía justificación, después de la aceptación de lo ocurrido buscaba que llegara la comprensión y llegaría...
Una parte de mí se había quedado con vos pero era mejor así y estaba totalmente convencida,
cada vez más...
Era un mañana de un sábado muy frío. Decidí tomar algo caliente y entré en el Café de Flore y te ví…
lunes, 14 de abril de 2014
La Ventana en París
Despues de una vida juntos, de aciertos, encuentros y desencuentros, te esperé un tarde en el living en
en aquel día de invierno crudo y despiadado que había traído frío a nuestras vidas, después de tantos veranos a la luz de la luna.
Por una de esas decisiones más mezcla de un gra impulso con la razón necesaria en estos cass, te dije que me vendría a vivir a Paris…cómo recuerdo la expresión de tu rostro, tu mirada triste y una emoción indescriptible en tu cuerpo, en tu alma, en tus manos que tanto me gustaban…pero estaba segura de seguir aquél mensaje que me ilustraba la vida, mensaje de vivir libre Paris….mi ciudad soñada.
Traté de no aferrarme a tus emociones y menos de atarme a ellas. Pensé en los años que me quedarían por vivir, tal vez muchos y una sucesión de imágenes de mi vida me atraparon y veía en ellas a una mujer que quedaría en mi pasado, una mujer que ya no la quería en mi presente ni en mi futuro…ya no vivir para ayudar a los demás, ya era momento de salvarse y pensar en su vida.
Sabía y sentía que Paris me daría las emociones que buscaba, las caminatas que deseaba, el glamour y la magia por descubrir tanto que deseaba.
En mi casa y en mi ventana, tenía lo que soñaba de Paris….despertar en el paisaje de una ciudad elegante, con dosis de bohemia, con un aire diferente, con su idioma, con su gente. Ya no recordaría a nadie sólo vivría libre en París…
Afortunadamente no necesitaba trabajar. Mi vida había sido muy dura y difícil pero mi temperamento me había ayudado a ver lo bueno que venía después de lo malo, de las pruebas de fe, a disfrutar de la naturaleza, de la gente, de mi alma que había por fin aprendido a ser la “directora” de mi vida, a controlar mis aspectos negativos, a aceptar mi corazón y sus sentimientos inmanejables y a vivir y disfrutar de la mujer que siempre quise ser.
Sien embargo al mirar a través de esta ventana, era inevitable que no apareciera tu recuerdo, la forma en que nos conocimos en mi carrera, corta pero fructífera para mi aprendizaje de vida, en nuestras primeras charlas, en que no podía tutearte, eras mi profesor y el respeto que te tenía no me lo permitía. Era inevitable no recordar aquel día que me dijiste que pensabas que no tendrías nunca suerte en el amor, en tu viaje a Colombia, en aquella cabaña del Tigre que luego de tirar al piso sin querer, mi vaso de jugo de naranja, me confesaste que me amabas y en lo que vino después, nuestra vida juntos…pero no contábamos en aquellas épocas con mi sueño de ser libre en Paris…
Después de cuatro años parisinos intensos, me llamaste y me dijiste que aquí estabas y que querías verme, hablar y contarme algo importante. Colgué el teléfono y sabía lo que era. Te conocía y me conocía.
Me vestí normal para aquel encuentro, casi sin maquillaje, el que tanto te gustaba, perfume y una tapado de paño grueso de color azul pastel para aquel día de invierno…otra vez el frío apagaría aquella pasión…Cuando te ví confirmé mi presentimiento…estabas lindo y tu semblante lo decía todo…hablamos sobre esos cuatro años viviendo separados. Me contaste de tu progreso y reconocimiento en tu carrera, de tu vida y de tu tristeza por mi decisión de alejarme. Pero tus ojos se llenaron de lágrimas cuando me agradeciste aquella vida juntos, mi sentido del humor y mi fortaleza para vivir y que al fin habías descubierto que en tantísimos años habías tenido suerte en el amor.
Por una de esas decisiones más mezcla de un gra impulso con la razón necesaria en estos cass, te dije que me vendría a vivir a Paris…cómo recuerdo la expresión de tu rostro, tu mirada triste y una emoción indescriptible en tu cuerpo, en tu alma, en tus manos que tanto me gustaban…pero estaba segura de seguir aquél mensaje que me ilustraba la vida, mensaje de vivir libre Paris….mi ciudad soñada.
Traté de no aferrarme a tus emociones y menos de atarme a ellas. Pensé en los años que me quedarían por vivir, tal vez muchos y una sucesión de imágenes de mi vida me atraparon y veía en ellas a una mujer que quedaría en mi pasado, una mujer que ya no la quería en mi presente ni en mi futuro…ya no vivir para ayudar a los demás, ya era momento de salvarse y pensar en su vida.
Sabía y sentía que Paris me daría las emociones que buscaba, las caminatas que deseaba, el glamour y la magia por descubrir tanto que deseaba.
En mi casa y en mi ventana, tenía lo que soñaba de Paris….despertar en el paisaje de una ciudad elegante, con dosis de bohemia, con un aire diferente, con su idioma, con su gente. Ya no recordaría a nadie sólo vivría libre en París…
Afortunadamente no necesitaba trabajar. Mi vida había sido muy dura y difícil pero mi temperamento me había ayudado a ver lo bueno que venía después de lo malo, de las pruebas de fe, a disfrutar de la naturaleza, de la gente, de mi alma que había por fin aprendido a ser la “directora” de mi vida, a controlar mis aspectos negativos, a aceptar mi corazón y sus sentimientos inmanejables y a vivir y disfrutar de la mujer que siempre quise ser.
Sien embargo al mirar a través de esta ventana, era inevitable que no apareciera tu recuerdo, la forma en que nos conocimos en mi carrera, corta pero fructífera para mi aprendizaje de vida, en nuestras primeras charlas, en que no podía tutearte, eras mi profesor y el respeto que te tenía no me lo permitía. Era inevitable no recordar aquel día que me dijiste que pensabas que no tendrías nunca suerte en el amor, en tu viaje a Colombia, en aquella cabaña del Tigre que luego de tirar al piso sin querer, mi vaso de jugo de naranja, me confesaste que me amabas y en lo que vino después, nuestra vida juntos…pero no contábamos en aquellas épocas con mi sueño de ser libre en Paris…
Después de cuatro años parisinos intensos, me llamaste y me dijiste que aquí estabas y que querías verme, hablar y contarme algo importante. Colgué el teléfono y sabía lo que era. Te conocía y me conocía.
Me vestí normal para aquel encuentro, casi sin maquillaje, el que tanto te gustaba, perfume y una tapado de paño grueso de color azul pastel para aquel día de invierno…otra vez el frío apagaría aquella pasión…Cuando te ví confirmé mi presentimiento…estabas lindo y tu semblante lo decía todo…hablamos sobre esos cuatro años viviendo separados. Me contaste de tu progreso y reconocimiento en tu carrera, de tu vida y de tu tristeza por mi decisión de alejarme. Pero tus ojos se llenaron de lágrimas cuando me agradeciste aquella vida juntos, mi sentido del humor y mi fortaleza para vivir y que al fin habías descubierto que en tantísimos años habías tenido suerte en el amor.
Podías dejar todo para vivir en Paris pero no querías dejar…habías conocido una mujer que no amabas pero vivirías con ella si no regresaba contigo. Mi mundo se opacó por unos momentos, disimulé mi tristeza y pensé que si bien era una de las posibilidades, nunca me olvidarías sin embargo recordé mi ventana, la mujer que ahora soy, libre, decidida, dueña de mi vida, la felicidad al despertar cada día y ver a Paris por mi ventana para luego caminarla, sentirla, vivirla. Fue entonces que te dije que lo intentaras si era tu deseo…que me quedaría en Paris.
Meses después sin tener más noticias tuyas me llamaste y me preguntaste algo que no esperaba: si yo quería que vinieras a vivir en Paris....
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