jueves, 17 de abril de 2014

Café de Flore

Habían pasado años….muchos.
Cansada de amar, cansada de tu rechazo, entendí que la vida no era así. La vida no era sufrimiento, conformismo, extrañarte, sino dar dimensión al valor del cariño, ese que yo sentí sola o no, pero tan distinto al tuyo.

Entendí que si era capaz de amar así, era valiosa. Tenía mucho para dar, pero quise alguna vez en la vida pensar en mí, cuidarme, mimarme, quitarte de mi cabeza y si pudiera no sentir más, o con menor intensidad.

Después de desarmar mi casa, ordenar mis papeles, tratar de cerrar las heridas de Buenos Aires, decidí viajar a París. Podía hacerlo y era mi sueño.
Conocí gente, reafirmé el idioma, adquirí algunas de sus costumbres.
Visité lugares…me despertaba temprano para caminar las calles de Paris que siempre me parecieron tan lejanas, tan inalcanzables y no podía creer que estaba viviendo mi sueño. No todas fueron experiencias buenas pero el saldo era positivo.
Vivir en Paris era envolverme en su elegancia y suntuosidad, sus barrios bohemios, el arte. Ver y sentir el mundo distinto…ser una parisina más. Costó pero lo había logrado.

Había cambiado mi look, había recuperado mi silueta de los 30 años, me había cortado el pelo muy corto y había vuelto al color azabache. Vestía en una forma diferente y muy europea. No era lo que más importaba pero ya no buscaba amar y protegía tal vez así mi interior con ropa y un poco de frivolidad. Vestía un estilo clásico y con onda.

Muchas veces me preguntaba por qué ya no quería amar y no lo sabía en realidad. Tal vez había dado todo ya, tal vez ahora nadie me despertaba ningún sentimiento. Había sufrido mucho con mi familia, con vos y quizá había llegado la hora de no amar.

Nunca creí que me pasaría pero pasó y no podía ni quería cambiar. Me preguntaba si te llamaba, qué sentiría…no te había olvidado por supuesto,  pero ya no más rechazos, siempre había sido muy sensible y  necesitaba recibir amor y si no lo había encontrado no quería nada.

Iba caminando y cuestionando mis sentimientos, tratando de entender por qué había cambiado tanto en estos años de vivir en París y pensé que no había respuestas porque a veces la vida no las tiene.
Sin embargo sentía que había recuperado la mujer que era, decidida, independiente, que irradiaba alegría. Quería ser la mujer solidaria que era...todavía no podía.
Había formado ya mi nuevo grupo de amigos, en general pertenecían al mundo del arte...siempre había sido una apasionada del arte y los admiraba tanto.

Estudiaba Sociología, otro de mis sueños pendientes y trabajaba como Jefa de Recursos Humanos en un banco. No había sido fácil llegar a ese puesto pero me había capacitado en Buenos Aires y era solvente para hacerlo.

No guardaba rencor a nadie, había recibido golpes fuertes pero siempre acudí al sentido común que tanto me había enseñado papá y si bien nada tenía justificación, después de la aceptación de lo ocurrido buscaba que llegara la comprensión y llegaría...

Una parte de mí se había quedado con vos pero era mejor así y estaba totalmente convencida,
cada vez más...

Era un mañana de un sábado muy frío. Decidí tomar algo caliente y entré en el Café de Flore y te ví…

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Salvatore Donadío

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