sábado, 11 de febrero de 2012

Ellos regresan...


                                     
                                                            SMILE, NAT KING COLE..
 Las pérdidas de seres queridos, con quienes formábamos un todo espiritual y creíamos que nunca perderíamos, no se superan  jamás. Hice mucho para lograrlo y sí, ahora el recuerdo es con una sonrisa, triste tal vez, pero ya no llanto.
 Lo que sí pude es recuperarme a mí misma y con el tiempo sentí  que estaban en mi corazón y que de alguna forma u otra, se harían presentes cuando los necesitara. 
Hay respuestas a la muerte que no existen, sí; que la vida es finita, pero  no hay respuesta racional al desgarro del alma, ya sea que ocurra cuando somos muy jóvenes o muy grandes y  aunque nunca hay fuerzas para cuando sucede, milagrosamente aparecen.
Sentimos con mucho dolor, lo injusto de una muerte, hasta que entendemos que la vida es un pasaje y confieso que hay momentos que mi comprensión tiene límites para entenderlo.
¿Qué se puede hacer ante la enfermedad de un ser querido que se irá para siempre de la vida terrenal?
Sólo amarlo, cuidarlo y mimarlo como si en ese instante fueran nuestros bebés, darle la atención necesaria que ellos nos dieron cuando éramos chicos e indefensos. Más aún si estamos a su lado, ya que hay quienes por determinadas circunstancias están lejos y el dolor de los que no pueden estar aumenta, en ocasiones.
No cuestionarse mucho por qué pasa lo que pasa, guardar energía para este proceso  y sobre todo prepararse poco a poco para la despedida.
Podría contar muchas cosas tristes que me pasaron cuando mis dos padres estuvieron enfermos durante interminables años y su partida con seis meses de diferencia, primero mamá y después papá….tenían que estar juntos en la vida,  en la muerte y más...prefiero quedarme con el sentimiento que están juntos y guardar lo triste.
Cuando ya no están, el proceso de duelo hay que vivirlo, pero cuando digo vivirlo no me refiero a simplemente pasarlo, hay que vivirlo para que esa despedida que no se pudo dar en momentos en que no sabíamos cómo hacerlo, lo hagamos con el corazón y con la sabiduría de entender esta parte de la vida en que un ser amado se va de nuestro lado para siempre.
Llorar alivia bastante…sería mentira decir que hay recetas para un duelo, cada uno lo vive como puede. 
Aún así, es una realidad, que estos seres de luz de nuestras vidas no se van totalmente y  esten atentos a presencias suyas, hasta incluso por parecidos con otras personas,  que vienen a decirnos algo que necesitábamos pero no esperábamos.
Todos somos en realidad parte de todos, todos tenemos alguna huella de todos porque la vida es una sola y es increíble notar que esto sucede, que un amigo te diga lo que decía tu papá, o que busques escuchar música que escuchabas con ellos y así nos sentirnos con ellos…a lo que voy, ese ser que se va es único como cada uno de nosotros pero seguimos en este viaje  con maravillosas personas en quienes  podemos buscar pedacitos de quien se fue, al menos en forma momentánea. No lo olvides; ellos regresan, aún sin que los llamemos…

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Salvatore Donadío

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